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Adolfo M. Vaccaro
ESPEJO DE BAÑO.
No sé porque
cuando te contemplo
nunca me devuelves tu mirada.
Será, quizá,
por el frío que cobija tus entrañas,
señalando la invariable crueldad
de los tiempos transitados.
Entonces, frente a ti confieso mis recuerdos
y esa mórbida suposición
que sólo a tu silente razón compete.
El rouge, la sombra, el maquillaje y el rimel,
que tantos rostros buscaron ante tu apariencia
revestir de normalidad
las ardientes entregas pasionales,
tratando de borrar - a trazo de pincel –
aquellos momentos recientes
repletos de ruegos, promesas, gemidos y besos.
Pero, sé que no puedes hablarme de esto.
Es tu glacial arcano
que jamás develarás delante de mí,
por más que te lo pregunte inquisidoramente.
Únicamente te importa mostrarme qué soy
sin verter opinión,
aunque desconozca para siempre
cada uno de tus pensamientos,
y ese secreto, tan nuestro,
que ya no puedo recordar.
Tal vez,
cuando la vida decida volverme ausencia,
extrañes mi presencia.
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